Cuando estoy sin hacer nada y entonces me voy, siempre a cualquier parte, disfrutando irremediablemente del viaje, flota que flota sobre aceras quebradas, escurriéndome como rizópodo entre la tarde, insuflándome como aquel globo rojo que se aferra a la mano del niño. Y entonces mirarte a través de la vidriera de una cafetería y echar raíces por la ventana, convirtiéndome en enredadera, en persiana. Ensimismada, Entimismada, Alfiler que interrumpe mi circunferencia escarlata y el aire se escapa, allá va la niña de facha arrugada, de cara de pasa, Marte deshinchándose, tomate o somormujo que vuela hasta el techo y extenuado llega a tu mesa, y zozobra en bruna infusión.
Mirarte desde dentro con mis ojos de pez, asombrada de que sigas gustándome tanto , acogerte como el lagarto se refugia en el Sol. Medusa empapada de ti,. Ir desfalleciendo en la caliente bebida, breve mar que me arrastra y a pesar de la niebla que se desgaja y se disuelve en el aire, me sospechas, me adivinas, confundiéndome con una mosca bañista, que quién sabe como diablos se le ocurrió encallar ahí.
Tomar la cucharilla con semblante de compasión, pensando en lo corta que puede resultar la existencia y en la necesidad de pedir otro café, salvándome por segunda vez de una muerte segura. Poco a poco ir sacudiendo las alas de avecilla empapada, exprimiendo los residuos del último naufragio. En ti. siempre resulta mejor navegar por los ojos, en las hebras de cabello y se que invariablemente aún hay tiempo para atracar en la rada de tus labios.

